¿Sería aquel beso ya clavándose sin que supieras darle cuerda para que saliese a bailar con el domingo?
¿Sería aquel beso que no quiso mirar el mediodía y tú, alarmado, le echaste muchas cosas a ver si lo arrastrabas: una corriente de merluzas, el humo del tabaco, la saliva?
Un beso, nada más que un beso, sólo un beso, el simple juego de los labios, que huyó una noche como perdido de otra alma y sin saberlo fue tu penitencia.
Todo por un malabarismo sin fortuna, por un error de magia, por un ángel hirviendo en la redoma que al fin se volvió malo y te tapó la boca. ¿Así que te moriste, mi amor, de pura hambre, ahogado por un beso que nunca supo que tenía alas?