No digo: amo, no develo mi historia esta mañana, respeto a los felices, voy al bufete, hago la cama, me sostengo, robo una estrella aliada de tus dientes.
Lo disimulo, vivo entre ómnibus locales, compro periódicos y sedas. Llegó visita. (Pintaré mis labios con la sangre del lunes.)
Me quedan cortos: la locura, el clamoreo verde del ovario, la herida que me mandas. Está bien. Hoy no puedo derrotarte: hoy colecciono ácidos y manchas, hoy esta pena me azoró por dentro.
Mañana trataré de ser como cualquiera, mañana iré a la exposición de flores con un vestido nuevo y me pondré la sombra de oro. (Tú dirías: ha parpadeado en el champán.) Mañana bajaré de tanta nube, miserable, carnal. No importa que los sueños se despierten ni que quizás olvide esta página absurda que ya es del siglo veinte.