Traquetea el último tranvía obstinado con el eco que le devuelven los edificios y el pavimento horadado: los faros desdeñan la bruma y clavan los rayos amarillos en la lluvia lenta y fría; contra una ventanilla aprieto la frente y, con mareo, contemplo las tapias, las aceras.
Los faros hallan el camino, desaparece la vida de la humedad y el fárrago… Sólo una anciana hinchada, desmadejada, agotada, abandonada, remota caminante de otro tiempo, se acurruca en un portal en pos del sueño sin techo. Versión de Miguel Martínez-Lage
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