He de recorrer la senda al crepúsculo por donde vagan las sombras del hambre y transitan los fugitivos del dolor. He de recorrerla en silencio, de mañana, y ver deslizarse la noche en el alba, oír cómo se levantan lentos los vientos poderosos allí donde son altos los árboles que jalonan el camino y se comban cargados.
Los pedruscos rotos a ambas orillas no vendrán a conmemorar mi ruina. Será el pesar la gravilla que triture. Buscaré en el cielo esbeltas aves de ala rápida que rolan donde el viento y los truenos empujan a las procesionarias de la lluvia.
El polvo del camino recorrido me manchará las manos y la cara. Versión de Miguel Martínez-Lage
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