Esquinera

Esquinera

Entre las sombras, donde se cruzan dos calles, acecha a oscuras una mujer que aguarda hasta seguir su camino en cuanto se deje ver un policía. Con una sonrisa cotrañosa, con una cara pintarrajeada, demacrada, huesuda, en la que asoman ojos desesperados, durante la noche entera ofrece a los transeúntes lo que deseen de su belleza echada a perder, de su cuerpo ajado, sin exigencias, sin que nadie muestre interés ninguno. Versión de Miguel Martínez-Lage

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