Inquieto, Napoleón cambió de postura en el viejo sarcófago y murmuró al vigía: «¿Quién va?» «Veintiún millones de hombres, soldados, ejércitos, armas, veintiún millones a pie, a caballo, por aire, bajo el mar.» Y Napoleón volvió a conciliar el sueño. «No es mi mundo el que responde: será un soñador que no sabe nada del mundo en el que avancé desde Calais hasta Moscú.» Y siguió durmiendo en el viejo sarcófago mientras el zumbido del motor de los biplanos se desgranaba entre el mausoleo de Napoleón y las estrellas frescas de la noche.
Versión de Miguel Martínez-Lage * * *