Siete naciones se plantaron con las manos en las fauecs de la muerte. Era la primera semana de agosto, mil novecientos catorce. Yo escuchaba, escuchabas tú, el mundo entero a la escucha, y todos nosotros oímos una Voz que murmuraba: «Yo soy el camino y la luz. el que cree en mí, no perecerá, sino que salvará su vida eterna». Siete naciones aguzaron el oído y oyeron a la Voz y respondieron: «¡Al demonio!» Las fauces de la muerte comenzaron a entrechocar y siguen entrechocando: «¡Al demonio!»
Versión de Miguel Martínez-Lage * * *