La camisa

La camisa

Recuerdo que una vez fui corriendo tras de ti y te agarré por el faldón de la camisa, que ondeaba al viento. Una vez, pero hace ya muchos días de esto, me bebí un vaso entero de no me acuerdo qué y tu imagen retembló hasta posarse sobre la superficie del líquido. Y de nuevo sólo a ti llegué a oír en la voz cantarina de una mujer que algo tarareaba al desgaire. Una noche, sentado con los camaradas en redor de las rojas ascuas de la hoguera, contando historias en una lengua cuya hechura hablaba por sí sola ante un manto de blancas estrellas: eras tú la que se escabullía reidora en la torpeza de las sombras tambaleantes. Truncas respuestas del recuerdo me hacen saber que estás viva, con el rostro de un espectro que se asoma tras algún umbral, en algún lugar, en medio de la pujanza y la furia de la ciudad O bajo una masa de musgo y hojas secas, en silencio, a la espera, bajo los brazos nudosos del roble, lista como nunca para echar a correr en cuanto te agarre por esa tu camisa ondeante. Versión de Miguel Martínez-Lage

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