Pedí a una gitana amiga que imitara a una vieja imagen y hablara con la sabiduría de antaño. Bajó el mentón contra el pecho, convirtió cabeza y cuello en la cúspide de un obelisco del Nilo y dijo: Arráncate la mordaza de la boca, hijo, y sé libre de guardar silencio. Nada digas a nadie, pues nadie escucha, pero ten prestos los labios para hablar. Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *