(Cavilaciones de un policía adscrito al Despacho de Identificación)
Has amado a cuarenta mujeres, pero sólo tienes un pulgar. Has llevado cien vidas secretas, pero sólo dejas una huella dactilar. Vas por el mundo y combates en un millar de guerras y obtienes todos los honores del mundo, pero cuando regresas a tu hogar la huella de uno de los pulgares que te dio tu madre es la misma huella del pulgar que tenías en el asilo, donde tu madre te besó para despedirse. Del útero revuelto del tiempo provienen millones de hombres, cuyos pies atestan la tierra, y se rajan el cuello unos a otros por un lugar donde seguir en pie, y entre todos ellos no hay dos huellas de pulgar que sean iguales. En alguna parte debe haber un Gran Dios de los Pulgares, capaz de contar por dentro la historia de todo esto. Versión de Miguel Martínez-Lage