¿A quién sino a ti diré la hora llorada en la soledad invisible, amor, donde crece y calla el ansia imposible, donde es incierto el astro, nocturno el verde es, donde sed de más sed hace el ansia imposible?
¡Me llamas, real amor vero! Puedo huir: todo lazo arde en tu llama púrpura; puedo morir: ¡el fruto me es dado en tu dulzura! Pero resto en tu vida, nazco a lo que más quiero desde el centro secreto de tu propia dulzura.
Vivo, y no por antiguos sueños, amor, yo te traeré el inefable poema, sino por la hora tuya, pura en su rama extrema, o por pobres trabajos de mis manos empeño por imitar la flor -¡oh inefable poema! Versión de José Agustín Goytisolo