Segunda elegía de Bierville

Segunda elegía de Bierville

¡Sunion! Te evocaré de lejos con un grito de alegría, a ti y a tu sol leal, rey de la mar y el viento: por tu recuerdo, que me eleva, feliz de sal exaltada, con tu mármol absoluto, noble y antiguo yo como él. ¡Templo mutilado, desdeñoso de las otras columnas que en el fondo de tu salto, bajo la ola risueña, duermen la eternidad! Tú velas, blanco en la altura, por el marinero, que por ti orienta su rumbo; por el ebrio de tu nombre, que a través del desnudo carrascal viene a buscarte, extremo como la certeza de los dioses; por el exiliado que a través de oscuras arboledas te vislumbra súbitamente, ¡oh preciso, oh fantasmal!, y conoce por tu fuerza la fuerza que lo salva de los golpes de fortuna, rico de lo que ha dado, y en su ruina tan puro.

Versión de Ramón Gallart