Haberlo vivamente deseado y verlas pisar el agua que la luna enturbia y estarlas a mirar; los cuerpos blancos romper la sombra del metal luciente -desnudo universal, desnudo hasta la muerte- y quedarse indeciso, en pie, en lo oscuro, como un viejo marino sospechando un tiempo súbitamente aventuroso, y, luego, olvidando los restos de la cena triste con guitarra y golletes salivosos, entrar a carga de animal entero llamado por el agua o por los cuerpos.
Corre hasta el filo castrador del frío, agua como de espadas. Las estatuas se ablandan entre risas, en la espuma.