El vivir de la amada

El vivir de la amada

Yo sé que de tu pecho los latidos están contados. Corazón, haz lento tu misericordioso movimiento y leves tus quejidos doloridos

por ese cuerpo, donde mis sentidos ponen todo su amor, donde me siento morir a cada golpe ceniciento de tus redobles graves y oprimidos.

Y tú, ventana de mi amor, aldea mía de paz, caricia que sestea, umbral del mundo, amor de cada día.

Dame tu fe, tu claridad, mi estrella, dime que existe lo que yo sabía cuando era niño en la ciudad aquella…