Invasión de la realidad

Invasión de la realidad

I Y aquí estás verdadero, Oh déjame tocarte. Tu piel en donde pones un límite a los aires.

Tu don de serte vivo, tu realidad, me baste. Dejadme que compruebe su ser. ¡Oh, sí, dejadme!

II Dejadme. Yo no quiero las nieblas pertinaces. Tras el humo dibuja su vago ser un valle.

Allá tras la cortina incierta, hay verdes sauces, un prado con sus flores diminutas y suaves.

En la noche terrible yo soñaba una imagen. Hela aquí. Son colores: blancos, verdes, granates.

III Dejadme con las cosas también. Son realidades súbitas que se crean duras a cada instante.

Emergen con firmeza cruel. Se satisface con su presencia misma dicen: «¡Toma, regálate!»

IV Regálate. Contempla la piedra, el cielo, el aire. Respira entre las luces. Desciende hasta los cauces.

Toca la piedra. Mira. Huele la rosa. Sáciate. Gusta, mira, comprueba, duele, solloza: sabe.

Ensánchate en el alba. Al mediodía, ensánchate. Sube a la tarde y mira todo en ella ensanchándose.