Mujer ajena

Mujer ajena

¡Oh realidad sin gozo y sin aurora! Era la noche entera entre tus brazos. Yo te tenía y sostenía. Abrazos nos daba el sufrimiento a cada hora.

Viví contigo una verdad. No llora quien tiene que vivir tan duros lazos. Era vivir, abrirse paso a hachazos en una selva de impasible flora.

Con brazos rotos y partido pecho, abrirse paso a hachazos. Consumida así tu vida, amor de mi derecho.

Abrirse paso y ver ya sucumbida toda esperanza en el sendero estrecho; cerrado trecho a la cerrada vida.