Mar en calma. Con energía desafiante asume el reto de entender la sabiduría inmortal de quedarse quieto. Más allá de pena y de goce, ¡infinitud en que te enrolas!, el corazón, al fin, conoce la ciencia de no tener olas. La ciencia en que no vuela un ave ni se escucha un sonido leve. (Luego, sin nadie, el sueño grave. Sin nadie, la estepa, la nieve.)