Para la vida de mis hijos bella medida es tu cintura, y bello el ritmo de tu pulso para la sangre de mis hijos. En tu nostalgia atardecida cabe el sollozo de mi niño, y cabe el llanto de sus ojos entre la red de tus pestañas. Red que se llena de luceros cuando la tiras en el agua.
Guarda el reposo de tus párpados que allí está el sueño de mi infante, y no te canses de mirarme que mi pequeño está mirando con esa luz de tu mirada. Enhebra el hilo de tu canto para sentir que está cantando la voz del hijo entre tu voz, como burbuja de los peces entre los círculos del agua.
Cuando caminas me parece que el hijo avanza con tus pasos, y si te quedas detenida, entonces pienso que es el hijo el que se para con tus plantas. Si vas en busca de los soles del mediodía delirante, pienso que el hijo de mi alma se está acercando lentamente a la candela de una lámpara.
Tú eres la rama que sostiene el alto fruto de mi carne, y eres la vena que da música al corazón de mi pequeño que está perdido en la distancia. Las golondrinas que tú sueñas rayan el cielo de mi infante, y vas cantando por la tierra mientras el hijo va cantando por los caminos de tu sangre.