No me dejes partir, no me abandones, átame a tu cintura con tus brazos, y aléjame los buques de la cara con tus suspiros y tus aletazos.
Rodéame de ti, de tu ternura, de tus palomas y de tus espinos, para que no me llamen los países, para que no me escriban los caminos.
Tengo toda la noche de tu pelo para embarcarme en ella, tristemente, y alejarme un momento, con las manos, de las orillas de tu continente.
Puedo andar por mi frente, por la tuya, con gestos numerosos y mundiales, y me siento más hondo en tus entrañas que en los naufragios y en los funerales.
Quiero quedarme en ti, quiero que me ames y que me arrojes besos como escalas, siempre que me desprenda de tus labios y me crezcan los viajes y las alas.