Inés

Inés

Inés digo y mi boca se convierte en azúcar de manzana partida por la luz del verano. Decir esta palabra es como adivinar que está cantando un pájaro en un árbol lejano.

Inés digo y mi labio se convierte en abierta flor de pétalos dulces contra la madrugada. Decir esta palabra es soñar que está muerta la tarde en el abismo de la noche estrellada.

Inés digo y parece que mi voz se quedara temblando entre las redes impalpables de un beso. Decir esta palabra es como si lograra detener en el aire la música de un rezo. Cuando yo digo Inés olvido los agravios y de claros panales y canciones me acuerdo. Decir esta palabra es apretar los labios para intentar el acto de besar un recuerdo.

Alzar las manos puras para decir Inés es caer en la sombra de un árbol florecido. Decir Inés, siquiera por una sola vez, es sentir en la rama del corazón un nido.