Ínsula

Ínsula

Como un nocturno vino tu mirada, amotina mi sangre enardecida y la noche en mis hombros detenida, ignora su presencia desolada.

Ya no puede mi voz contra la espada de silencio que tengo entre la herida, de saber tu caricia estremecida pero en oscura cárcel encerrada.

Estoy solo en la costa de tu risa, y aunque la ofrenda tuya se divisa mi temor de alcanzarla lo confieso:

Mi corazón - grumete sorprendido - no se atreve en un mar desconocido para ganar la isla de tu beso.