Su cuerpo es una aldea donde yo me refugio cuando truena en el cielo, y tiemblan los follajes de mis venas y las agrupaciones de mi pelo.
Su cuerpo dulce y hondo y sus dos brazos como ríos sin puentes, donde me oculto con mis tempestades y las constelaciones furiosas de mis dientes.
Vientos como caballos me pisan todo el pecho de pan y de amapolas, pero voy a su cuerpo y su cuerpo me lava la sangre con sus olas.
Sólo su cuerpo dulce en medio de estos días con sabor a ceniza, y a semana nocturna sobre la matutina tela de la camisa.
Su cuerpo dividido en colinas, en valles, en boscajes, en nidos, y prados de amapolas donde hay niños oscuros y linajes dormidos.
Miel tibia, leche tibia, y el rumor de la sangre bajo la piel delgada, el rumor de la vida bajo la piel desnuda y levantada.
Sólo su cuerpo dulce para el mío de fibras y de zumos amargos, que ya está fatigado de las noches oscuras y los caminos largos.