Estoy cansado, amada, y estoy triste. Vengo desde las tierras arrasadas y solas, desde donde la muerte se desnuda y embiste los acontecimientos, los hombres y las olas.
Vengo, hermosa, del tiempo, de la vida, del día en que con sangre puso mi racimo en el mundo, y empezaron mis hojas a sentir la agonía de un cielo sin orillas y de un barro profundo.
Estoy cubierto de alma derramada y herida, me tambaleo en medio de la noche sin astros, y dejo en las paredes de tu casa dormida mis capitulaciones, mis huellas y mis rastros.
Voy hacia tus entrañas inconteniblemente y te pido que salgas al aire, a los caminos, a recibir las dudas que asaltan a mi frente y los pasos que acercan mis pasos a tus trinos.