Las plantas sufren como nosotros sufrimos. ¿Por qué no habrían de sufrir si esta es la llave de la unidad del mundo? La flor sufre, tocada por la mano inconsciente. Hay una ahogada queja en su docilidad.
La piedra es sufrimiento paralítico, eterno.
Nosotros -animales- no tenemos ni siquiera el privilegio de sufrir.