A ti la que me inspira obedezco y deseo a tu invisible huir y tu errante venir hacia la honda cuna del ritmo tú me llamas trayéndome la concha de la profundidad. Son sin fin son sin fin los diluvios caídos corazones que a tiempo probaron su fragancia aquí están todavía las palabras perdidas y yo compongo un verso de saber y perdón.