Cuando pongo mis manos de metal mis manos primitivas sin destreza en tu pelo abundante donde empieza tu cuerpo que respira amor mortal.
Cuando tocan mis dedos tu total altura de los pies a la cabeza sin que me tiemble el pulso, amo la pieza maravillosa de tu ser camal.
Y entonces de quietud y roce puro tu mirada me vence, llena de aguas y tu silencio femenino me arde.
De repente de acción me transfiguro desciendo mi contacto a tus enaguas y te desnudo y te amo y se hace tarde.