Ella es la yerba

Ella es la yerba

Amiga, ya no tienes quince años. Puerta sellada. Ahí tus labios penetran esta raíz a flor de tierra. Como una copa muerta a la mitad del día, sollozando, yo te miro despertar en todos mis sueños: apenas fantasma o manchada arpa de litigante suspiro. Ruede tu espejo y si a pedazos se reduce sobre el lecho, reconstrúyeme sobre la redondez de un mundo mágico, pero nunca digas aquellas palabras de otros días, ni repitas las caricias que tanto gozaron nuestras manos. Libres vuelan los árboles sobre la memoria de la noche, cónicos labradores en nuestros jardines amorosos. Escondiste en mi corazón un tigre de piedra rutilante, las monedas que tu estricta doncellez robara a la avaricia y al celo y al júbilo de una inocente pornografía. Dulce látigo embelesado en tus ingles como un dios de aquietados potros o memoria rota por los pétalos, pero nunca sumisión del nombre dado a las cosas y al amor. Aquietada juventud del agua apenas fuente para el cisne. Daga en tus manos a tanta herida resuelta en pura humanidad. Entonces deparaba el sitio a tus cabellos como diciendo: “Hoy la veré. Sus senos son redondos. Ella es la yerba”. Aprendíamos a nacer, entonces. Labrábamos la copa y el agua, el restallar de la llama a la mitad de la tarde y la risa. Hojas caídas de un zodíaco genital sin sucios temores, como dos rodillas juntas, amiga con amigo. Belleza que penetra el momento hasta la palabra: “Yo te amo”. Pobre dádiva a tanta muerte escrita en el espejo redondo, en la sombra del fonógrafo puesto a girar hasta la vida. Rota la cinta del corpiño elegías el mérito del suspiro, así llameando toda el alma junto al árbol menos secreto: tantos bosques y tantas manos, carrera impuesta al delirio. Entonces eran los días del dulce morir para la vida, de la lluvia sedante, casi cuerda locura y amor sediento. Lucidez del leopardo y su piel llena de flores en movimiento. Hojas aquietadas que entran en el cuarto y nos buscan con todos los besos de sus filos hasta hacernos árboles. Ya no tienes quince años. Puerta sellada. Mano cruel.