Futuro

Futuro

Tener un nombre, lo primero. La mujer. El fusil de dulce carga. Estrellas caudalosas. Después, lo que se adquiere con el aire; el agua con la sed, la geometría, el hambre. Antes, haber cavado en la ceniza la madriguera de la brasa, tatuado en rostros inconclusos el infortunio, la miseria: traición del pan de cada día. Antes, copa del viento la garganta, haber destrozado el romanticismo, sus rosas petulantes, su copa encanecida mientras ciega el fusil de la esperanza: la nostalgia del mundo sumergido en la gota de sueño. Porque después, escúchame, vendrán los efímeros leviatanes rabiosamente hincados en el cuello del hombre que agoniza: comerciantes de doble y triple dentadura mientras nosotros, pueblos del mundo, terminamos de crecer.