Intentaré trazar las letras que leídas al revés recojan por lo menos el testamento de quien muere porque sí muere.
Lego la saliva por mi lanzada a hurto en menoscabo del topo azul del cielo, al mudo corazón donde eternizo la caníbal disputa wagneriana del viejo ruiseñor de Teócrito, con los novísimos cuplés ideados por tus muslos sin cese ni reposo.
Para siempre.