_A Roberto y Cuca A la sombra de Brahms
Lo arroyos puros se adormecen al son del llanto mío, y, a su modo, también se duerme el río. Al sueño, Quevedo_
Llamó a la puerta un día, el mar. Sedujo, entre las olas solo, la agonía. Llamó a mi puerta solo el mar un día; pero entendí la noche que produjo.
Entre las altas ondas me condujo, llama de sombra, su melancolía; y aquella blanca nave sólo mía, a ser ajena noche se redujo.
Hoy que lo entiendes, dime amor cuál río, camino en movimiento, es quien me nombra en olas tristes que tu arena apura.
Responde con pasión al labio mío antes que al río el mar un día, sombra conceda. Y a tus ondas sepultura.