Las bestias se bebieron la champaña, de rodillas, todas, con las copas llenas; de uñas, todas, con los vasos rebosantes. Tú, amor, dulce hasta perderte en la inscripción de este epitafio, posabas los ojos en mí y sonreías llorando cada gesto, como si previeras mi muerte, mi desesperación, el adiós de quien te ha perdido.