Serenidad

Serenidad

Los ríos hermanan una palabra humilde si esperar en su ribera es imagen para el alma. Dardo de dulzura finita a despejada frente de su linfa como un pequeño caracol abierto en trébol. Preguntan por nosotros y su voz menos húmeda para en el aspa de la hierba que nos besa. Su ventana tañe las sirenas del tiempo: mínima espesura su caudal de cuerdas amables si duda el remanso bajo el puente del día o la fuente afables álamos desata. Desplomados ruiseñores labran su sueño en pequeñas planchas de oro sonámbulo. Ahí la pátina del otoño levanta su estandarte y al final siempre besa a la doncella de la grava hasta la quieta alcoba del fondo alcanza el undoso brazo, apretado por el frío, la favorable flor que trae hasta su pie desnudo.