Escucha, amor, esta llama doblemente amarga, su poblada deferencia de tiniebla. Amados alacranes en tus hombros.
Mírame dormir en tu corpiño, imagen, sensación de olvido. Hoy contemplas la camisa que me diste rota a mordiscos desesperados. rodillas y hierba.
¿Quién organiza el funeral y muerde el sollozo del último invitado?