Tus manos en las mías

Tus manos en las mías

Persistirá tu rostro sobre la espuma albeante. El barco dibujado. Inscribí tu nombre en las cortezas de los árboles, a fresa sangre di el color de tus ojos y en gotas transparentes, gajos del agua, tallé la flor reclinada de tarde en un pañuelo roto, revuelto el arcón; despreciada la máscara del día, los años apretaron tus manos en las mías. ¿Cuándo volverá la rama radiante de sol a impartirnos su lección de fiebre? El camino lleva veredas de ventrílocuo, empecinados remolinos, alma y canción, ermitas bajo el olmo en rapidez de sombras rumoreantes al desvanecerse. El barco, ciempiés sus remos en el agua, ha empezado a caminar, tus brazos tienden las velas amortajando la mucha lejanía. ¿Quién nos vive? ¿A cuántos seres habitamos, descritos en otras existencias libres de melancolía? Sólo tú reconocerás la antigüedad del agua apisonada por las olas, reencontrarás el camino en las vertientes, lúcida al hacer morada mi memoria. Persistirán tus sienes, el palafrén azucarado en el frontón de la repisa, tus amados indios, los negros maltratados como libros revueltos sobre un mostrador de zánganos. La palabra amor ya no me es negada. Sugiere su maduración, sus rayos. Tomo en la reverberación la lámpara que un nocturno día dirigiera mi ejercicio, tú la agitabas entre los relámpagos de la sombra. Pies y brazos. Movimiento. Entonces me tomabas en tus brazos. ¿Cuántas estrellas cambiaron sus primeros dientes? ¿Cuántos árboles renovaron el surtidor de ramas para encubrirnos? La humedad es sólo nombre destructivo del agua o su vitalidad anónima. La diferencia, su principio como quien, secretamente, menciona un bacilo fervoroso, pero menos seguro de sí mismo, tras la huella del ángel arrepentido. Ha empezado la secreta ablución. Los topacios atados en el interior del calcio lúcido, prorrogan la transparencia al orar, mirando hacia el oriente, tenaces sus castañuelas cíclicas, ¡y he aquí parroquianos en los eriales que el agua había corroído la suma de las rocas y su voz alcanzaba a tocar los paraguas del diluvio, hacinados en árboles y dólmenes!