Diafanidad

Diafanidad

Sereno el esplendor de nuestro júbilo en la urdimbre de oros vesperales; lino tus manos, sedas el murmullo de la canción y la ternura errantes.

Callada melodía del coloquio… Mi corazón, nostálgico velamen; tu corazón, velero migratorio, mecidos al arrullo del instante.

Y los deseos como rosas vagas, y la caricia como una ave ciega, dulcemente quedándose asomadas a ti como al brocal de una cisterna.

Toda distante, toda en mí te llevo; dora la bruma tu presencia cándida, y sobre el césped de un azul silencio la noche compasiva nos enlaza.