Leilah: de tu esplendor rezuma un vino que es en mis venas sosegado fuego y arrobada embriaguez cuando te aspiro.
Leilah: con el estío de tu risa se madura la mies de los deseos para soñar tu cándida vendimia.
Leilah: cruzando mares de silencio sobre la playa de tu voz marina suspiran caracolas de desvelo.
Leilah, tus manos son la tibia rada donde mecen -veleros despojados- la ternura y el sueño su nostalgia.