“Para cumplir imaginaria cita “ he de escribir en lágrimas. Talvez los lentos monosílabos cálidamente, mudamente digan lo que ayer no supieron las palabras.
Temblorosa, desnuda, el alma iba al cuenco de tus manos pidiendo el pan de la ternura y el sorbo de una diáfana alegría.
¡Oh silencio aromante! ¡Oh fuego sosegante! ¡Oh rosario de instantes sin mancilla, labrado en los metales de la tarde!
En macilenta soledad, más pálida, más lenta, se extenúa la tarde sin tu forma. Tu ademán era el nardo y eran tu voz la brisa y la amapola. Para el último vuelo se azulaban rozándote las horas, y al llegar los luceros sorprendían la tarde iluminada por tu sombra.
Vuelvo mis ojos a la noche que te guarda dispersa: blancuras errabundas, azul profundidad palpitación tranquila de la tierra.
Como no puede ser la tarde sin tu forma, hoyes la noche recinto de mi sueño y de tu sombra.
Con luz de llanto -enjambre de luciérnagas- otra vez he de hallarte, ¡oh dulce sombra de las tardes muertas!