Malignas obsidianas, cábalas siblinas, pupilas de tormenta: sois el raudo aletazo de dos cuervos cautivos en el sedeño lazo tendido en las pestañas vibrátiles, endrinas.
Zafiros extasiados, plegarias matutinas, pupilas de pureza: sois el místico vaso de ensoñador absintio que en su glauco regazo deslíe cabelleras de náyades y ondinas.
Ágatas hechiceras, idílicos remansos, ojos de las Teresas de Jesús, ojos mansos: sois lámparas votivas del ara del Señor.
Mi sueño no coloran negro, ni azul, ni flavo: con su enigma insondable volviéronme su esclavo de la amada imposible los ojos sin color.