Desventurado corazón perplejo, inconsecuente corazón, no dudes. No tiembles nunca más por lo que sabes, no temas nunca más por lo que has visto. Calamitoso corazón, alienta.
Aprende en este ahora el pálpito que vuelve con lo eterno, para latir conforme en valentía. Los números del mundo están cifrados en la clave de un sol tan rutilante que te ciega los ojos si calculas. Ciégate en esperanza, errátil corazón, suma los números. Un orden en su imán te está esperando.
Desde el final del tiempo se levanta un ácido perfume de hojas muertas. Respíralo y respira su secreto. Abre de par en par tu incertidumbre. No permitas que encuentre domicilio la tibieza, ni que este inescrutable amor oscuro cometa el gran pecado de estar triste. Acógete a ti mismo en tus entrañas con tu abrazo más fuerte, tu mejor padre en ti, tu mejor hijo, gobierna tu ocasión de madurez.
Insiste una vez más, aspira en estas rosas su pútrido fermento enamorado. En este desvarío de tu voz se desnuda el enigma, transparece la recompensa intacta de estar siendo.
Aquí estamos tú y yo, altivo corazón, en desbandada. A fuerza de caer, desvanecidos. y a fuerza de cantar, enajenados.
De “Metales Pesados” 2001