Metal pesado

Metal pesado

Igual que sucedía, siendo niños, con las mágicas gotas de mercurio, que se multiplicaban imposibles en una perturbada geometría, al romperse el termómetro, y daban a la fiebre una pátina más de irrealidad, el clima incomprensible de los relojes blandos. Algo de ese fenómeno concierne a nuestra alma. En un sentido estricto, cada cual es obra de un sinfín de multiplicaciones, de errores de la especie, de conquistas contra la oscuridad. Un individuo es en su anonimato una obra de arte, un atávico mapa del tesoro tatuado en la piel de las genealogías y que lleva hasta él mismo a sangre y fuego. No hay nada que no hayamos recibido ni nada que no demos en herencia Existe una razón para sentir orgullo en mitad de esta fiebre que no acaba. Somos custodios de un metal pesado, lujosas gotas de mercurio amante. De “Metales Pesados” 2001