En nuestra sumisión nos consumamos, en nuestra servidumbre nos crecemos, vivimos a compás, en la angostura de un andar errátil que nos da la amplitud, al comprender la bella anomalía de este viaje.
Nómadas en esencia, muchedumbre que cruza en extravío del uno al otro lado de nosotros, polizones en la nave del mundo, huéspedes al amparo de nadie, en deuda con la vida, que está en deuda con el secreto amor que profesamos a todo trance siempre hacia la vida. Apátridas por fuerza en nuestro espíritu.
A la buena de un dios en descalabro, clandestino de mí, pobre de qué. señor de dónde, en un inacabable deambular, al arte por el arte de estar vivo.
Un vaso de agua fresca al transeúnte, un pedazo de pan al vagabundo, un puñado de sal al peregrino, que voy en trashumancia, que voy de merodeo, voy de paso.
De “Metales Pesados” 2001
Ubi sunt
Todo está en donde estuvo, todo late en el primer latir de la primera aurora cautivada, y en su cautivo corazón en pálpito. Todo fluye en el mismo fluir de un mismo río, por el agua tenaz de un cauce idéntico.
¿Acaso es que no sientes en tu piel la salvaguardia de otra piel pretérita, las sangres centinelas de tu sangre, las sombras que fecundan a tu sombra?
¿No sabes escuchar bajo la voz los coros primordiales de las voces, ni el ser de la palabra en cuanto somos, ni el eco de vivir en lo que hablamos?
Lo que antes eran hombres hoy es tiempo, las mujeres que han sido son del aire, la arena vagabunda, nuestros hijos.
¿En el volar, no ves el vuelo inmune? ¿No amas, en el amar, el amor único?
A fuerza de mudarse, nada cambia; de tanto discurrir, todo está inmóvil. Hay una sola frente pensativa que entiende la hermandad de cuanto existe y en cuanto ha muerto ve lo que no muere.
¿Qué se fizieron, pues. ¿Dó los escondes?
Cierra los ojos para ver más claro y sal fuera de ti para morar contigo.
Un mar de lágrimas
Sufrirás. Ya has sufrido. Tal vez estés sufriendo. Y aunque sepas por qué (si es que lo sabes), ese conocimiento no será tu consuelo.
El adiós a los tuyos; el azar, implacable; la incógnita del cielo, todo lo que se pierde hechos y vida abajo, tiempo abajo, o también vida arriba, hacia lo que te espera, todo, configura el sabor de tus lágrimas, un sabor sin sabor, ya que no lo comparte quien te ha visto sufrir -no puede compartirlo-, un sabor que no entiendes, un cúmulo de lágrimas que trazan, no sé dónde, un mar por el que bogan, y no sé para qué, inútiles por siempre, inconsolables, quién sabe desde cuándo, su alma, tu alma y la mía.
De “Los países nocturnos” 1996
Uno y ninguno
Él cree saber quién soy, y se equivoca. Tú puedes desandar, paso por paso, toda la historia, todos los detalles que dibujen un rostro, pero no seré yo quien esté dibujado en ese rostro, aunque sea mi rostro el dibujado. Cualquiera que no sepa de mí lo sabe todo. Yo no sé quién soy yo, pero estoy en lo cierto.
Esta acumulación de paradojas exige un comentario y una pausa. (Las palabras se pueden urdir y desurdir, hasta no decir nada, queriendo decir todo.) Cualquier hombre es ninguno, y es legión y es nadie y uno mismo. Y ahora que ya lo sabes, date cuenta: estás equivocado por completo.
De “Los países nocturnos” 1996