Él cree saber quién soy, y se equivoca. Tú puedes desandar, paso por paso, toda la historia, todos los detalles que dibujen un rostro, pero no seré yo quien esté dibujado en ese rostro, aunque sea mi rostro el dibujado. Cualquiera que no sepa de mí lo sabe todo. Yo no sé quién soy yo, pero estoy en lo cierto.
Esta acumulación de paradojas exige un comentario y una pausa. (Las palabras se pueden urdir y desurdir, hasta no decir nada, queriendo decir todo.) Cualquier hombre es ninguno, y es legión y es nadie y uno mismo. Y ahora que ya lo sabes, date cuenta: estás equivocado por completo.
De “Los países nocturnos” 1996