Donde el poeta compone, de otras muchas, un oración para la amada

Donde el poeta compone, de otras muchas, un oración para la amada

una oración por la amada y el hijo que esperan

Dios te salve, ternura, que ahora me llevas a la derecha de mi vida; adonde ella me crece, ala mía derecha, ala de lo que tuve o bien pude tener de ángel celeste o niño. Dios te salve, muchacha que ya tengo por mía, que en esto que me suena del lado izquierdo -¿ala segunda, roja, fuerte, poderosa?- me anidas. Dios te salve, Dios mismo, y Dios me salve el verso, la oración que de escombros de oraciones levanto: Padre nuestro que estás en los suelos del hombre. hoy te pido por ella, porque es niña y no puede; dulce Santa María, madre de Dios y nuestra, hoy te pido por ella, porque es niña y no sabe; vírgenes que por vírgenes alcanzasteis lo eterno. bendecid este fruto primero de su vientre; mártires cuya carne el amor desgarrara, conservadme la suya de gacela temblando; ángeles, serafines, levísimos arcángeles; prestadle vuestro peso para que no se venga. En el nombre del hijo que alberga, preservadla; el nombre del hijo derramad la alegría. Y si algo pudo haceros que merezca castigo -y perdonad si dudo que tan niña pudiera-, en el nombre del padre descargad vuestra furia, en el nombre del padre -ya sabéis cuál es: Carlos descargad vuestro justo latigazo de ira.