de sus dos hijas
Llegaron juntas a la pena mía como desde tu vientre hasta la cuna. Te quise mucho en el dolor. Alguna vez te podré decir lo que sentía.
Llegaron juntas hasta mi alegría cuando crecía en soledad la luna y otoño vareaba la aceituna en los olivos de mi Andalucía.
Hubo una vez en ti tres corazones. Mas como me los distes, no dispones más que del mío en sombra y no te vale.
O sí te vale. Mírale la llama. Bendita sea, Dios, la doble rama que al tronco del amor más puro sale.