Iba abriendo las últimas estancias. Nada turbaba el polvo gris del suelo. Triste la luz, sobre los altos muros, acuchillaba el tiempo.
Nadie pisaba. Nadie turbia. (¿Nadie pisaba las orillas del silencio?) En el cristal, sangrando, rebotaba un pájaro de hielo.
Iba desempolvando los rincones. «Ahora es verdad. Ahora. Esto fue un beso dulce, aquello una palabra… ¡Oh, Dios!, ¿y esto? »
Se tocaba las manos. No sabía. Acariciaba, roto, un pedazo de sueño. ¿Qué es…? ¿Qué es…? Temblaba. Torpe, había olvidado el recuerdo.
«Aquí hubo alguien. Yo lo sé. Aquí vivía alguien. ¿Quién, ¡oh Dios! , quién…?» Luego lloró sobre las losas. ..Se buscaba él mismo sin saberlo.