Era con sol. Corríamos. Temblaba el mundo con nosotros. Era con sol. Hablaban ruiseñores, hablaban claros álamos; desnudaba alegría la mañana.
Yo te decía: amor, amiga, escucha: tú tienes unas manos que vuelan a palomas, tú tienes en los ojos dos canciones sonándote, tú tienes de campana la voz, la vida toda. Yo sólo tengo un mundo que sabe a corazón, que sabe a fruta verde todavía, un camino a tristeza, otoñalmente largo, y una fuente muy dentro que mana gris el alma.
Y tocaba tus dedos y te decía: amor, amiga, escucha: Esta frente que estás acariciándome ahora, esta piel, este verso, son algo menos tuyos, son de nunca, son de silencio o nada, son de parque con niebla o arroyo con guijarros.
Y estábamos despacio bajo el día. era con sol. El esquilón del buey tañía a hierba verde con rocío y una brizna de brisa los trigos oleaba. Yo seguía diciendo mientras, cerca, iba fluyendo tu garganta en nieve: Yo tengo, amor… Tú tienes -me decías-, tú me tienes a mí, tú tienes estos labios que ahora… sólo… besan…