Este claro silencio. Y este gozo. Y este rumor de noche. Y esta pena. Y esta destrozadísima cadena que te desencadena el alborozo.
Y este muro infinito. Y este trozo de soledad. y este montón de arena. Y esta voz que te absuelve y te condena. Y esta sed sin principio. Y este pozo.
Acércate al brocal, bebe sin miedo y camina después hacia ese ruedo sin barreras, sin toro y sin testigos.
Yo te bendigo, te bendigo. Anda. Echa ya a andar, que la esperanza manda y sangra la amapola entre los trigos.
De “Este claro silencio”