Antes que otro poema -del mar, de la tierra o del cielo- venga a ceñir mi voz, a tu esperada persona limitándome, corono más alto que la excelsa geografía de nuestro amor, el reino ilimitado.
Y a ti, por ti y en ti vivo y adoro. Y el silencioso beso que en tus manos tan dulcemente dejo, arrinconada mi voz, al sentirme tan cerca de tu vida.
Antes que otro poema me engarce en sus retóricas, yo me inclino a beber el agua fuente de tu amor en tus manos, que no apagan mi sed de ti, porque tus dulces manos me dejan en los labios las arenas de una divina sed.
Y así eres el desierto por el cuádruple horizonte de las ansias que suscitas en mí; por el oasis que hay en tu corazón para mi viaje que en ti, por ti, y a ti voy alineando, con la alegría del paisaje nido que voltea cuadernos de sembrados.
Antes que otro poema tome la ciudadela a fuego ritmo, yo te digo, callando, lo que el alma en los ojos dice solo. La mirada desnuda, sin historia, ya estés junto, ya lejos, ya tan cerca o tan lejos o cerca reprimirse y apoderarse en la luz de un orbe lágrima, allá, aquí, presente, ausente, por ti, a ti, y en ti, oh ser amado, adorada persona por quien -secretamente- así he cantado.