Un paisaje hecho poema

Un paisaje hecho poema

(Siento que se aglomeran mis deseos como el pueblo a las puertas de una boda.) El río allá es un niño y aquí un hombre que negras hojas junta en un remanso. Todo el mundo le llama por su nombre y le pasa la mano como a un perro manso. ¿En qué estación han de querer mis huéspedes descender. ¿En otoño o primavera. ¿O esperarán que el tono de los céspedes sea el ángel que anuncie la manzana primera. De todas las ventanas, que una sola sea fiel y se abra sin que nadie la abra. Que se deje cortar como amapola entre tantas espigas, la palabra. Y cuando los invitados ya estén aquí —en mí—, la cortesía única y sola por los cuatro lados, será dejarlos solos, y en signo de alegría enseñar los diez dedos que no fueron tocados sino por la sola poesía.