Los esbeltos fantasmas de la lluvia van y vienen en gris, y se saludan ceremoniosos por entre el hayedo. Todos viven en casas con buhardillas y jardines que alfombra la hojarasca, son de frío y nostalgia de otros climas donde la luz es esplendor del aire y puede herir lo mismo que un cuchillo. Pero Suabia es su reino, su verde paraíso, sombras fieles al parque, las callejas, las vírgenes barrocas, noviembre, el alto cielo del color de sus almas, y su ambiguo vagar entre nosotros.